La Argentina cierra las exportaciones - Artículo
Los países de ingresos medios que están en este momento cumpliendo el rol de ser motor del crecimiento a escala mundial tienen como atributos centrales de su desempeño económico un dinamismo en sus exportaciones, que crecen dos o tres veces más rápido que su producto bruto interno. Esa creciente integración mundial es un rasgo de los últimos cuarenta años que se acentúa en estos países que lideran y son el factor dinámico del crecimiento de la economía mundial.
Otra característica que tienen estos Estados es una notoria diversificación de su base exportable, tanto en los mercados en los que participan como en los bienes que ofrecen. Esa ampliación viene acompañada de una creciente gama de valor agregado. Ya no son productos primarios o recursos naturales, como los porotos de soja sino que, en general, avanzan hacia una mayor elaboración de los bienes derivados.
Otra característica de estos países es su creciente respeto por el Estado de derecho y el entorno jurídico que lo sustenta. Insertarse en el mundo requiere adaptarse a las normas del comercio multilateral, e implica aceptar ciertas reglas de juego preestablecidas en el concierto internacional. La otra cara de la moneda es el camino elegido por el gobierno argentino.
Nuestro país decidió seguir una estrategia de castigo a este perfil de crecimiento. El Gobierno aplica un fuertísimo impuesto a las exportaciones; más aún, en algunos casos, hubo directamente prohibición de vender al exterior.
Por la explicación anterior, este no es el rumbo transformador que están utilizando nuestros pares.
Para agravar la cuestión, en los últimos dos años se inició un agudo proceso de revaluación cambiaria, que produjo una creciente pérdida de competitividad, sobre todo en los sectores que emplean más mano de obra y están más orientados hacia bienes sofisticados.
Dentro de este contexto, tal vez el caso más emblemático sea la discriminación a la exportación de carne y, en particular, la Cuota Hilton, concesión europea que representa un mercado privilegiado.
Leer artículo completo en Clarín.com