Diario Los Andes - Mendoza

 

Domingo 30 de marzo de 2003

 

 

“La madre de las políticas”

 

Es el recuerdo fresco de un miedo que supo ser ajeno y hoy nos es tan familiar. Lo vivimos con unos colegas hace unos años, en favelas y poblaciones marginales de San Pablo y de Río. Eran los dominios de escuadrones de la muerte, de las mafias que hacían suyas barriadas enteras, del ejército que cercaba las villas. Por entonces, nos parecía una realidad lejana. Hasta que el espanto llegó a casa.

El miércoles, el corresponsal de La Nación en Brasil reseñó un logro magnífico: el Programa Escuelas Abiertas que están aplicando la UNESCO y los gobiernos de Bahía, Río de Janeiro, San Pablo y Matto Grosso. Contaba historias de jóvenes y niños que emergieron de ese infierno de violencia y tragedia, para conseguir oportunidades en la vida "en blanco". Eran sólo algunos ejemplos del logro de 1.500 escuelas abiertas los fines de semana en áreas críticas, para que los niños y jóvenes acudan voluntariamente a ellas, tentados por programas de esparcimiento atractivos (arte, deportes, música, baile y mil formas de desarrollo de la creatividad). Cada fin de semana, unos 500.000 chicos pasan por las escuelas abiertas: en ellas comen, bailan, hacen deporte, aprenden artes. Han conseguido bajar en un 60% la violencia en esas poblaciones. Un sociólogo argentino, Julio Waisenlfsz -que dirige el programa en Recife- explicaba lo de "criminalidad dura" y "criminalidad blanda". La primera, la del crimen organizado. La otra, la de los chicos en la calle sin hacer nada, tomando alcohol o consumiendo drogas. Han convertido a la escuela en un ámbito de contención voluntario y tentador para miles de potenciales delincuentes sin destino.

Lejos, muy lejos.

En nuestro país, según el Indec, hay un millón y medio de jóvenes entre 14 y 24 años que no trabajan, ni estudian, ni buscan empleo (el 18% de quienes tienen esas edad en la Argentina). Si a los analfabetos (4%) se suman los "analfabetos funcionales" el porcentaje hiela la sangre: son los que formalmente podrían leer y escribir, pero que no lo hacen nunca; para quienes, además, la PC es un engendro extraño. Cada día se hunden más en la ignorancia. Mientras, el mundo de las oportunidades se les aleja vertiginoso.

Esta semana, un grupo de jóvenes de la Fundación Cívico Republicana acaban de poner en los pupitres de la Legislatura de Mendoza, una propuesta que plantea una política de Estado, un Pacto Educativo Provincial (PEP), que exigiría el consenso unánime de las fuerzas políticas y las ONG. Proponen destinar los recursos de las regalías del petróleo mendocino a financiar un sistema provincial de escuelas de doble jornada (todas, los EGB y el poli modal incluido). Actualmente, sólo 67 de las 971 escuelas provinciales tienen ese sistema (por lo general en el campo y zonas extremas). La idea, además, sugiere sumar otras 4 semanas de clases (para llegar a unos 210 días). En definitiva, la escuela albergaría mañana y tarde a los niños y adolescentes. Los que así lo necesiten, seguirán alimentándose en sus comedores escolares, en la misma casa en la que estudian, hacen deportes, recreación o desarrollo de su creatividad artística. El proceso de inversión arrancaría en 2004 con el 25% de las regalías e iría creciendo hasta aplicar a ese fin el 100% de los recursos petroleros en el 2007. Calculan dedicar al sistema de doble jornada en todas las escuelas de la Provincia unos 3.000 millones de pesos en 10 años. Deducen que esto calmaría la angustia de los que plantean que las regalías no pueden seguir deglutiéndose en gasto corriente y también la de quienes las reclaman para obra pública y más empleo. Es que -explican- este sistema exigirá construir más escuelas, asumir un plan de ampliaciones y equipamiento de aulas, baños, comedores, talleres, salas de informática e instalaciones deportivas; demandará el doble de horas docentes y de cátedra; más celadores, cocineros, más proveedores, instalaciones deportivas, de recreación, etc. La propuesta implica, por cierto, una drástica inversión para multiplicar todo este andamiaje de obra pública, trabajo y educación. Invertir el petróleo -de vida efímera- en lo más perdurable: el conocimiento. Reemplazar los agujeros vacíos del oro negro, por mentes modernas atentas a la evolución mundial. Y con oportunidades.

El ministro de Hacienda espera recaudar este año casi 400 millones de pesos en regalías petroleras (el 25% de los ingresos totales). Precisamente, el actual presupuesto de la Dirección de Escuelas implica unos 450 millones de pesos. Los dos, se supone, crecerán: el ingreso petrolero y la demanda educativa y de alimentación (casi el 60% del alumnado come en su escuela o en comedores sociales).

La madre de las inversiones

Esto no sólo implicaría replantear la mentalidad de nuestra dirigencia, docentes, funcionarios, activistas sociales y empresarios: demandará una profunda reforma del gasto del Estado y una severa reestructuración de las cuentas públicas. Nuestros vecinos no se distraen: como Brasil con las escuelas abiertas el fin de semana, Chile ha completado este año el sistema de jornada completa en sus 5.500 establecimientos educacionales. La experiencia de actualización del conocimiento y de contención social es fantástica: No se vislumbra una inversión social más rentable. Es para discutir, claro, pero esto le prendería al pecho de Mendoza un sello diferencial ante el mundo. Si la clase política asumiera el reto y acordara -como lo intentó con la Seguridad- una política de Estado que resguardara las regalías de las fauces del gasto improductivo y lo comprometiera en esta gigantesca inversión cultural y social, el privilegio de contar con petróleo en las entrañas mendocinas juntaría los sueños de Sarmiento con los de Mosconi. El oro negro pagaría la perspectiva de un futuro distinto para estos pagos. Un privilegio de la naturaleza financiaría la mejor ventaja que puede construir Mendoza ante el mundo: la de la educación en serio, la alimentación oportuna, la de la contención más inteligente, la verdadera igualdad de oportunidades. En fin, otra vida para quienes hoy generan en las sombras de la calle su destino de violencia y tragedia. Y conseguida con la madre de todas las políticas: la de inversión en educación.